

Al otro lado de San Francisco
Como muchas ciudades europeas, Bilbao tiene su propio barrio problemático, multicultural y atractivo. La diversidad social, la mezcla de culturas y una historia digna de ser contada la han convertido en un espacio que, cada vez más, atrae a jóvenes y emprendedores que se han animado a abrir tiendas, talleres, librerías y locales vintage de segunda mano. Para muchos turistas y bilbaínos la zona es un círculo rojo que no se atreven a pasar por miedo a la marginalidad, las drogas y la prostitución. Sin embargo, tan solo la separan cinco minutos de la Gran Vía y del Casco Viejo.




En la Bilbao de la Edad Media, los arrabales de San Nicolás, Arenal y Achuri acogían a los grupos sociales más desfavorecidos. A partir del siglo XVI la muralla fue perdiendo su carácter defensivo y pasó a ser un obstáculo en el desarrollo comercial y económico de la villa. La población comienza a vivir en sus inmediaciones. Las prostitutas son expulsadas al exterior del muro.
El nombre tiene su origen en los terrenos de un convento franciscano, desaparecido a mediados del siglo XIX. Históricamente, su población ha estado formada por obreros, empleados, y una modesta burguesía de clase media y baja. La zona de Las Cortes, constituida por las edificaciones situadas entre la calle San Francisco y el nuevo barrio de Miribilla, fue una zona de carácter popular, conocida como el “barrio alto”. Sus edificaciones son de menor calidad que las de la zona de San Francisco y el grueso de su población estuvo constituido por familias de trabajadores de las minas. Con la explotación minera, un flujo constante de personas fue subiendo hasta los barrios altos, en los que vivían mineros, obreros y prostitutas.
A partir de los años 80 el barrio fue acogiendo mucha inmigración, y con el auge de la heroína comenzó la percepción negativa que dura hasta hoy. Yonkis, prostitutas, robos,… Los bilbaínos no pisaban San Francisco. Y ésta situación, a pesar de la diversidad de comercios que se han abierto en las inmediaciones, ha cambiado poco. Los delitos que más se repiten son venta de drogas, hurtos, robos y aceptación de objetos robados. Agentes uniformados confirman que la mayoría de delitos se producen por parte de magrebíes.
Sin embargo, algunos se han aventurado a vivir por la zona, como Vicente Durán, y están contentos con la variedad de comercios, bares y locales que han ido abriendo estos últimos años. Aunque, eso sí, no con el Ayuntamiento, que parece no hace ningún esfuerzo real por rehabilitar la zona.